El Niño seca 133 municipios de Puebla e inunda Sonora y Nuevo México, mientras la guerra de Irán encarece gas, diésel y fertilizantes.
Hay un dato que, para mal, ordena todo lo demás: el Pacífico ecuatorial está muy por encima de su temperatura normal. El 10 de septiembre, la NOAA lo midió en +1.8 °C en la región Niño-3.4 y mantuvo su aviso de El Niño.

El Niño que viene (1) / Imagen: Gemini AI
Los pronósticos oficiales dejan poco espacio para la duda. La NOAA calcula más de 90 % de probabilidad de un evento muy fuerte este otoño e invierno, y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) prevé que persista hasta febrero de 2027.
El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) va más lejos para México. Su titular, Fabián Vázquez Romaña, habló de más de 95 % de probabilidad de un Niño muy fuerte, con su máxima intensidad entre octubre y diciembre.
Qué es El Niño y por qué esta vez preocupa más
Cada vez que el Pacífico oriental se calienta, la circulación atmosférica se reorganiza y la lluvia cambia de lugar en medio planeta. En México, la literatura académica describe el patrón desde hace décadas: déficit de lluvia en verano y más precipitación en invierno.
Magaña et al. (2003) atribuyen el déficit estival a un desplazamiento hacia el sur de la zona de convergencia intertropical, vientos alisios más intensos y menos ciclones. Bravo-Cabrera et al. (2017), con datos de 1961 a 2013, hallaron que al sur del paralelo 22° N más El Niño significa menos lluvia en la temporada cálida.
El invierno cambia el signo. Los mismos autores hallaron un aumento generalizado de la lluvia en la temporada fría, de ahí que el norte reciba más frentes entre noviembre y abril.
Lo que inquieta esta vez es la rapidez. Según Marc Alessi, de la UCS, el Niño-3.4 ya marcó un récord en septiembre, antes del pico habitual de noviembre a enero, y el índice relativo (RONI) lo coloca como el tercero más fuerte registrado.
Las cifras no coinciden porque cada institución mide distinto. La NOAA reportó +1.8 °C el 10 de septiembre y la OMM cita entre 2.0 y 2.6 °C, mientras el IRI de la Universidad de Columbia apunta a cerca de 3 °C. [VERIFICAR: URL y fecha exacta del boletín del IRI]

El Niño que viene (2) / Imagen: Gemini aI
El climatólogo Daniel Swain, de la Universidad de California, explicó en WBUR que la anomalía ronda entre 2.5 y 3 °C. El territorio de «súper El Niño» empieza por encima de 2 °C, un umbral cruzado apenas dos o tres veces en el registro.
La cifra más alta es una proyección, no una medición. Zeke Hausfather, de The Climate Brink, calcula un pico de unos 4.1 °C con el 80 % central de los modelos entre 3.4 y 4.6, frente al récord de 2.75 °C de 2015-16.
Esta vez también hay un rasgo geográfico. El calentamiento se concentra en el Pacífico oriental: +3.4 °C en Niño-1+2 frente a +0.1 °C en Niño-4, según la NOAA, una firma que recuerda a los eventos de finales de los noventa.
«Este El Niño excepcional exige una preparación excepcional», advirtió la secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, al anunciar la mayor movilización de servicios meteorológicos en los 76 años del organismo. l
La OMM aclara que el evento no actúa solo. Un Dipolo del Océano Índico positivo y aguas cálidas en el Atlántico pueden reforzar o alterar sus efectos habituales.
Desde el Cupreder, LLuvia Sofia Gómez Texon, investigadora encagada de los estudios climatológicos, contextualiza lo que supone el fenómeno del Niño:

¿Qué significa esto? Bueno, pues que tenemos más sequías en el país ya que tenemos un evento de Niño fuerte, razón por la cual la actividad ciclónica en el Golfo de México y en el Atlántico ha sido muy muy baja. Cerca de las costas mexicanas no hemos tenido ningún evento. Sin embargo, la actividad ciclónica en el Pacífico si se ha incrementado
Hemos tenido dos ciclones tropicales muy cercanos, uno de ellos Polo, que ya impactó territorio mexicano y ha generado inundaciones en el noroeste del país principalmente. Y el otro evento es Rachel, cuyas bandas nubosas han aportado precipitaciones al país.
Entonces esos son los principales efectos del fenómeno del Niño y el próximo año podríamos tener condiciones de sequía severa en muchos puntos, no solo de aquí del estado de Puebla, sino también en elresto del país. Así que es muy importante pues darle seguimiento, ver cómo evoluciona el niño a lo largo de estos meses.
La esperanza es que se debilite, sin embargo, los modelos apuntan que continuará de la misma manera. De ser así, hay que tomar muchas precauciones porque el panorama puede ser crítico para lo que resta de este año y el siguiente en cuanto a lluvia se refiere. Insisto, en la parte norte del país, generalmente en eventos como El Niño es más lluviosa, mientras que en la zona centro sur hay sequía.
Por lo tanto, durante el invierno y parte del verano del 2027 podria darse sequía. Hay que tener mucha precaución y estar atentos a la evolución que pueda tener.
El planeta ya lo siente: lo que cambió antes de que llegue el pico
Lo primero que cambió es el mapa de los ciclones. El Pacífico oriental lleva una temporada récord, según Alessi, mientras el Atlántico se mantiene inusualmente tranquilo, justo el patrón que ordena la cizalladura del viento.
En el océano, una onda Kelvin viaja al norte desde finales de agosto. Live Science informa que podría elevar el nivel del mar hasta 30 centímetros frente a California durante meses.

Inundaciones en Banghok, septiembre del 2026 / Imagen: cortesía de AP
«Una observación clave de eventos pasados es que las tormentas más dañinas suelen ser las que coinciden con las mareas más altas», dijo Kate Huckelbridge, directora de la Comisión Costera de CalifornIA.
California respondió con una declaración de emergencia estatal para proteger a comunidades vulnerables y preparar carreteras e infraestructura crítica. Las fuentes discrepan en la fecha, el 21 de septiembre según la UCS y el 28 según Live Science, así que el dato exacto queda por confirmar.
También discrepan en la magnitud del mar: la UCS habla de unos 15 centímetros adicionales por la onda, sobre unos 20 ya atribuibles al cambio climático. La diferencia con los 30 centímetros de Live Science es un recordatorio de que son estimaciones, no mediciones.
El costo humano proyectado es de otra escala. Un estudio del Climate Impact Lab de la Universidad de Chicago, citado por la UCS, estima más de 451,000 muertes adicionales por calor este año, una proyección y no un conteo.
En alimentos, el Programa Mundial de Alimentos advierte que decenas de millones de personas más podrían caer en inseguridad alimentaria en Centroamérica, el Caribe y el este y sur de África. La organización CARE sitúa en 300 millones las personas en hambre aguda en 53 países, y estima 50 millones más por este evento. [VERIFICAR: atribución exacta de la cifra de 50 millones en la transcripción de WBUR]
Hausfather mapea dónde pegó la sequía en los ocho eventos fuertes previos. En Indonesia hubo sequía de septiembre a diciembre en los ocho casos. Filipinas se secó de diciembre a abril, y el sur de África tuvo un verano más seco en seis de ocho.
Esos patrones tienen consecuencias logísticas y climáticas. En 2023 la sequía restringió el tránsito por el Canal de Panamá, y los incendios de Indonesia de 1997 liberaron entre 3 y 9 mil millones de toneladas de CO2.
México reúne varios rostros del mismo evento. Tendrá un invierno más húmedo y frío en el norte, una primavera más seca y cálida en casi todo el país y una economía enlazada con puertos y cadenas globales.
Puebla: sequía en 133 municipios y un campo de temporal sin red
Según Conagua, citada por Puebla Online, a mediados de septiembre 133 de los 217 municipios poblanos estaban en sequía, más de 61 % del estado. A finales de agosto el corte contaba 105, de modo que el área afectada creció en pocas semanas.
La cuenca del Balsas concentra 82 de esos municipios, entre la zona metropolitana y la Mixteca, y la franja Tuxpan–Jamapa suma otros 39. En la región de Tehuacán, la cuenca del Papaloapan reporta 12 más.
Del total, 52 ya están en sequía moderada, la categoría que implica ríos, pozos y presas bajos. Y El Niño aún no llega a su pico, de modo que lo peor del año hídrico todavía no se mide.
Esa cifra se vuelve social cuando se mira el campo. El maíz de temporal depende de la lluvia de verano, y productores consultados por la prensa regional reportan dificultades para sostener el desarrollo del cultivo. [VERIFICAR: obtener voces campesinas directas de Puebla; las cifras de pérdida de cosecha encontradas corresponden a Hidalgo, no a Puebla]

Cultivos como la lechuga o el brocolí, ya no germinaron el mes de agosto en el estado de Puebla por la absoluta falta de humedad / Imagen: Gemini AI
La escasez también presiona el agua subterránea. Según Beatriz Torres Turcios, titular de Conagua en Puebla, entre enero y septiembre hubo más de 100 denuncias por extracción irregular y unos 20 pozos asegurados.
Los casos se concentran en los acuíferos de Tecamachalco, Libres-Oriental y Tehuacán. Además, más de 80 % de los municipios opera con títulos de concesión vencidos, algunos desde hace 10 o 15 años.
Ya contamos el fondo de ese problema en Huachicol del agua en Puebla, y la sequía lo vuelve más urgente.
La respuesta pública existe, pero es pequeña: el Programa de Apoyo a la Infraestructura Hidroagrícola 2026 destina 40 millones de pesos a tecnificar unas 1,600 hectáreas en 49 proyectos. Son unos 25 mil pesos por hectárea, frente a 133 municipios secos.
El contrapunto institucional importa, porque la situación no es de colapso generalizado. En mayo, el investigador de Conagua Dante Sinohé Hernández Padrón dijo que «el país podría concluir la temporada de lluvias dentro de parámetros considerados normales, luego de varios años marcados por afectaciones severas».
Conagua cifra en 94 % la recuperación de las condiciones hídricas nacionales entre junio de 2024 y marzo de 2026, tras una sequía de 43 meses. Los mismos especialistas advertían que, si El Niño reeditaba el calor extremo de 2023, México podría volver a una sequía severa en 2027.
Ese margen de recuperación es el argumento para no caer en el catastrofismo y, a la vez, la razón para actuar ahora. Un sistema que acaba de salir de 43 meses de sequía tiene presas y acuíferos que aún no se reponen del todo. [VERIFICAR: nivel de almacenamiento de las presas del Balsas y del Atoyac al corte de septiembre]
El huracán Polo y las inundaciones del noroeste: el otro rostro de El Niño
El mismo calentamiento que reseca el centro y sur del país intensifica el Pacífico. Al 22 de septiembre, esa cuenca sumaba 16 sistemas con nombre, mientras el Atlántico llevaba seis tormentas y ningún huracán, según Eje Central.
Esa asimetría es el patrón clásico: El Niño aumenta la cizalladura del viento en el Atlántico y la reduce en el Pacífico. Polo la ilustra, porque llegó a categoría 5, con vientos superiores a 250 km/h, en pocos días.
Tocó tierra el 29 de septiembre en Guaymas y Empalme como huracán de categoría 1. Según La Jornada, la marea de tormenta superó el malecón y llegó al centro de Guaymas, y en algunas zonas cayeron más de 200 litros por metro cuadrado.
Más de 75 familias fueron evacuadas de comunidades rurales y la Marina reportó 97 personas desplazadas en seis municipios. El gobernador Alfonso Durazo informó que no hubo víctimas mortales y que la actividad económica se reanudó por la tarde.
En el norte, la humedad tropical también cruza la frontera. El 16 y 17 de septiembre, crecidas repentinas mataron a tres personas, dos adultos y un menor, en Newcomb, en la Nación Navajo de Nuevo México.
«No hay palabras que alivien el dolor de perder a un ser querido tan repentinamente», dijo el presidente navajo, Buu Nygren. [VERIFICAR: traducción propia de una cita en inglés de AP]
Días después hubo alertas de inundación en buena parte del estado y, según CNN, más de mil evacuaciones por riesgo inminente de falla de una presa. [VERIFICAR: leer la nota completa de CNN del 29 de septiembre]
No todo extremo se explica solo por El Niño. AP recuerda que los expertos vinculan la frecuencia de lluvias intensas con el calentamiento global, porque el aire más cálido retiene más humedad. Un supósito que aún debe confirmarse.
Dicho lo cual, el patrón podría repetirse en invierno. Hausfather señala que en siete de los ocho eventos fuertes previos el suroeste de Estados Unidos tuvo un diciembre-marzo más húmedo de lo normal.

Impactos observados y previstos de El Niño en México al 1 de octubre de 2026. / Mapa: elaboración propia con Natural Earth [VERIFICAR: ubicaciones aproximadas; confirmar licencia de la base cartográfica
Gas, diésel y fertilizantes: la sequía llega con la factura más cara
La guerra que Estados Unidos e Israel iniciaron contra Irán el 28 de febrero convirtió al Estrecho de Ormuz en un cuello de botella. Por allí pasa 27 % del petróleo exportado en el mundo y 20 % del gas natural licuado.
Según un análisis del Instituto Español de Estudios Estratégicos, esa vía también concentra entre 20 y 30 % de las exportaciones de fertilizantes. Medio Oriente aporta alrededor de un tercio de las exportaciones mundiales de urea.
El caso más claro es la urea. Su precio subió de 414.40 a 725.60 dólares por tonelada entre enero y el 31 de marzo, 74.67 % más, según Forbes México, y quedó cerca del récord de 846.40 dólares de 2022. Para septiembre, se había normalizado el precio, pero aun estaba un 6 % más alto que 12 meses antes.
En México, los fertilizantes alcanzaron máximos críticos en abril y mayo, impulsados por las tensiones globales. En septiembre el mercado corrigió a la baja, aunque los costos logísticos internos limitaron el alivio real.
Ya lo explicamos en El gran juego de los fertilizantes en México. La planta de amoniaco de Topolobampo sigue siendo la pieza clave de una respuesta soberana.
El gas muestra una brecha. El 14 de septiembre, el GNL asiático rozaba 28 dólares por MBtu, su nivel más alto en dos años y medio, y el europeo estaba en 27, con almacenamiento de 67.8 %.
El Henry Hub estadounidense, referencia del gas que México compra a Texas, bajó a 2.8 dólares, según Global LNG Hub. Eso protege el bolsillo, pero no la dependencia.
La Comisión Federal de Electricidad importa cerca de 74 % del gas que consume, sobre todo de Texas, y Estados Unidos cubre más de 70 % de los combustibles refinados, según La Jornada. Si esa llave se cierra, como mostró nuestra crisis del diésel, no está claro qué reservas amortiguarían el golpe.
Ucrania agrega presión sobre los granos. La consultora SovEcon recortó a 2.2 millones de toneladas su estimación de exportaciones mensuales ucranianas, frente a 4.5 millones en agosto de 2025.
El índice de precios de alimentos de la FAO subió 1.9 % mensual y 2.5 % interanual en agosto. En ese contexto, El Niño golpea a un campo que ya llega endeudado por insumos caros.

Petroleros y otros barcos de carga atravesando de noche el estrecho de Ormuz / Imagen: Gemini AI
Conviene no exagerar. La analista Kelly Xu, de Alpine Macro, opina que esta crisis «generará un impulso inflacionario más retrasado y menos agudo» que la de 2022, salvo que Ormuz siga alterado.
Además, Iizumi et al. (2014) hallaron que, a escala global, El Niño tiene efectos mixtos sobre los rendimientos. La soya mejora entre 2.1 y 5.4 %, y el maíz, el arroz y el trigo oscilan entre −4.3 y +0.8 %.
El daño es regional, y el maíz de temporal mexicano queda del lado equivocado de esa distribución.
La inflación general fue de 3.42 % en la primera quincena de septiembre, según El Financiero, con alzas fuertes en el jitomate. No hay evidencia de que eso sea efecto de El Niño. Sus resultados tardarán en llegae.
Escenarios a 2027: lo casi seguro, lo más probable y lo muy incierto
Lo que sigue no son predicciones cerradas, sino escenarios ordenados por su grado de certeza. Todos parten de lo mismo: mientras El Niño siga activo, el calendario agrícola y el energético se estrechan al mismo tiempo.

Lo casi seguro. La OMM prevé que El Niño persista hasta febrero de 2027, y el SMN pronostica 56 frentes fríos para la temporada 2026-2027, seis más que el promedio de 50.
El calendario del SMN sitúa el máximo en diciembre, con nueve frentes, y en enero, con ocho. Octubre aporta siete, noviembre ocho, febrero siete, marzo y abril seis cada uno, y mayo dos, según El Financiero.
En el norte eso significa más lluvia invernal y más nevadas, en línea con la literatura. Para Puebla, en cambio, aún no hay un pronóstico estacional propio, y la pregunta abierta es cuánto de esa humedad llegará a las cuencas del Balsas y del Papaloapan.

La web interaciva del Sistema Meterológico Nacional de la Conagua / Dar clic en la imagen para ver más
Lo probable. La primavera de 2027 es el punto de mayor riesgo para el centro y sur del país. Vázquez Romaña lo planteó así: «Debemos prepararnos y estar conscientes de que se pueden romper los récords de temperatura máxima en buena parte del país». [VERIFICAR: cita condensada en la fuente (Récord, 5-sep); obtener texto literal]
A escala global, Hausfather calcula entre 95 y 96 % de probabilidad de que 2027 sea el año más cálido de los registros instrumentales. Swain coincide en que el calor récord de finales de 2026 seguirá en 2027. [VERIFICAR: traducción de la cita de Swain]
Para Puebla eso se traduce en una secuencia concreta: poca lluvia de verano en 2026, un invierno que no recarga acuíferos y una primavera caliente en que sube la demanda de agua. Si el calendario se cumple, el estiaje de 2027 llegaría con las reservas de un año que no repuso del todo la sequía previa. [VERIFICAR: niveles de presas y acuíferos]
La política agrícola enfrenta ahí su prueba. Sembrar con urea a precio de guerra y con temporal incierto es una apuesta que los productores pequeños no pueden perder sin quedar endeudados.

Lluvias torrenciales en regiones semidesérticas, como Ciudad Juárez / Imagen: cortesía de El Heraldo de Juárez
Lo posible. Callahan y Mankin (2023) estimaron que la economía mundial perdió 4.1 billones de dólares tras el Niño de 1982-83 y 5.7 billones tras el de 1997-98, con efectos que duran hasta 14 años.
El comunicado de Dartmouth lo resume así: «las sociedades y las economías no se limitan a recibir un golpe y recuperarse». Los países tropicales de menores ingresos sufrieron más: para 2003, Perú e Indonesia acumulaban caídas superiores a 10 % del PIB, frente a cerca de 3 % de Estados Unidos.
Varias regiones productoras podrían secarse a la vez. Según Hausfather, los eventos fuertes previos redujeron la lluvia en el sur de África, Filipinas e Indonesia, productoras importantes de maíz y arroz. [VERIFICAR: Hausfather lo enuncia como patrón histórico, no como pronóstico específico]
Si eso se combina con exportaciones ucranianas a la baja y fertilizantes caros, los precios internacionales de granos pueden subir. El riesgo para México es que importa maíz amarillo y trigo, de modo que la presión externa llega a la mesa aunque la milpa propia resista.
Visualizar mapa interactivo en tiempo real en NOAA Climate.gov.
Lo incierto. No sabemos en qué estado seguirá el tránsito por Ormuz ni a qué precio cerrará la urea en el otoño. Tampoco sabemos si el pico de El Niño llegará a +4.1 °C, como proyecta Hausfather, o se quedará en el rango de 2 a 3 °C que miden otras instituciones. [VERIFICAR: estado actual de Ormuz y precio de la urea en septiembre]
Es incierto, además, cuánto del extremo corresponde a El Niño y cuánto al calentamiento global. AP recuerda que ambos factores se suman, de modo que atribuir una inundación o una sequía a uno solo es un error de método.
También es incierta la respuesta institucional. Conagua cifró en 94 % la recuperación hídrica, y esa cifra es un activo real, pero un activo que un solo mal temporal puede gastar.
Quien paga primero es quien menos margen tiene. Productores de temporal sin seguro, barrios sin agua entubada y comunidades que dependen de manantiales soportan el costo antes de que los promedios nacionales lo registren.
Hay tareas que no esperan al cierre del evento. Conviene vigilar la actualización mensual del Centro de Predicción del Clima de la NOAA, prevista para el 8 de octubre, el Monitor de Sequía de Conagua y los precios de la urea. [VERIFICAR: fecha de la próxima actualización de la NOAA]
Los comités y organizaciones territoriales que ya monitorean agua tienen aquí un papel central. Los observatorios comunitarios de pozos, manantiales y cosechas pueden anticipar lo que los promedios estatales ocultan.
La política pública puede exigirse en cuatro frentes. Son reservas estratégicas de agua, granos y fertilizante, transparencia en concesiones vencidas, estudios de riesgo climático costero y apoyo directo al temporal.
Esa es la medida de la soberanía en un año en que la sequía, la guerra y el precio de los insumos llegan juntos y de malas. No se trata de elegir entre confiar o desconfiar de las instituciones, sino de pedir cuentas sobre qué tan preparadas están cuando el panorama pinta entre gris y negro.